martes, 12 de diciembre de 2006

ÚLTIMO ENCUENTRO CON CHET BAKER


Último encuentro con Chet Baker


13 de Mayo de 1988. Me dirijo al domicilio de Chet Baker. Este viejo de 59 años me debe mucho dinero y tengo que charlar con él un rato.

Supongo que sabréis a quién me refiero, ¿no os suena esa versión de “My funny valentine”?, dulce y agria al mismo tiempo, cantada por una voz ambigua, aterciopelada, casi femenina. Pero este anciano decadente si sabía hacer algo bien era tocar la trompeta, desde la melodía más bella y directa, hasta el be bop más descarnado (por algo fue elegido por el gran Charlie Parker para tocar en su grupo).





Llamo a la puerta pero me doy cuenta de que está abierta. Entro y veo el rostro arrugado de Chet que aún conserva el atractivo con el que hacía sollozar a todas esas estúpidas adolescentes parisinas en tiempos pasados. Está tirado en la cama, suspirando…tiene el mono otra vez. Escucha a Mulligan y eso le pone melancólico.

-Hola Chet, ¿recordando viejos tiempos?

-Hey, ¡bon jour! No te había visto, creo que debería cerrar la puerta más a menudo. Esta canción la toqué hace mucho tiempo con Gerry. Lo conocí en otoño del 53, se pegó un viaje en autostop desde Nueva York a California. Quería tocar con migo. Hicimos un ensayo y bordamos Out of Nowhere. Nos entendimos muy bien y formamos un cuarteto sin piano. Fue genial, ¿conocías esta historia? Un cuarteto de vientos sin piano…guau…la música volaba.

-Claro Chet, sabes que soy tu fan. Pero creo que Mulligan no fue muy buena compañía para ti.

-Que va, lo pasamos genial. Nos gustaban el mismo tipo de mujeres y de sustancias. Aunque se puso un poco celoso de mí, yo empecé a hacerme famoso gracias a su cuarteto. Pero por suerte lo metieron en la cárcel una temporada y pude hacer mi proyecto en solitario. No me mires así…yo también he pasado alguna temporada a la sombra y tampoco se está tan mal.

Miro su trompeta tirada en la moqueta y veo algo extraño.

-¿Qué le pasa a tu boquilla? ¿Te la has cargado de tanto tocar?

-Vaya, y dices que eres mi fan. Está modificada a posta. Eran los años 60 justo cuando mi manera de tocar se había aclarado. En aquella época se había vuelto mucho más compleja y, al mismo tiempo, más dura, más agresiva... estaba por el buen camino, solo Miles y Dizzy me hacían sombra… y entonces vinieron esos energúmenos tacaños y me pegaron la paliza más grande de la historia. Mi boca destrozada al mismo tiempo que mi técnica… por eso la boquilla tiene esa forma. Amigo, cuando lo pienso, creo que la droga y las mujeres solo me han traído desgracias en mi vida, aunque también mucha diversión… I Fall In Love Too Easily, ¿sabes a lo que me refiero? (dice guiñando el ojo).

-¿Por qué cantabas esas facilonas y románticas canciones? Para nosotros eres tú y tu trompeta.

-Venga chaval, no me seas purista. Después de todo también creé un modo de cantar. Mis melismas eran geniales, cantaba igual que tocaba y tocaba igual que cantaba. Creo que en la música he sido siempre honesto. ¿Sabes? El éxito popular no me interesaba en realidad. Tocar bien era mucho más importante. El dinero tampoco era importante. ¡Podría haber ganado tanto dinero! Si me hubiera comprado una guitarra y hubiera hecho Rock and Roll sería millonario. Pero ¿y luego qué?

- Pues creo que no te hubiera venido mal del todo ser millonario, me debes mucho dinero amigo. Tu no eres me chica, así que ya basta de mantener tus vicios. Venga, se buen chico y dame la pasta.

-No seas pesado. Pronto tocaré, voy a volver a la metadona. Además Elvis Costello quiere tocar otra vez con migo, es inaguantable y sin talento, pero se hace mucho dinero con él.

-No me vengas con historias. Vengo de parte de más gente… no soy el único al que debes dinero. Tendrías que haberle hecho caso a Dizzy.

-La verdad es que si, siempre se preocupó por mí… y aprendí también mucho de él. Pero no seas tonto y lárgate… tengo el mono y sería capaz de romperte la cabeza con mi trompeta.

Este es el momento en el que Chet pierde la cabeza… el muy estúpido intenta coger un cuchillo que hay dentro de un tarro de mostaza tirado en el suelo. Yo me adelanto, forcejeamos un poco. Pero este genio decadente ya no tiene fuerzas, ni siquiera dientes para morderme. Su cuerpo es enclenque y frágil, lo levanto en peso y lo lanzo al vacío por la ventana. Pronto se armará un revuelo en la calle. Salgo del edificio corriendo por la escalera de incendios mientras canturreo There Will Never Be Another You. Si es cierto que cantaba como los ángeles.

No hay comentarios: